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viernes, 25 de julio de 2008

ASCENSION AL TORRE DE CERREDO

El 26 de julio de 2008, aprovechando el puente de Santiago, conseguí ascender una de las montañas que más ganas tenía, y que por contra veía como más difíciles de conseguir: la Torre de Cerredo.

Hace un par de meses lo planifiqué todo, y me propuse una ruta de 3 días. En principio iba a ser más larga y compleja (de hecho quería llegar de Cabrones a Jermoso, con la ascensión a Cerredo por medio, pero dos cuestiones me hicieron modificar todo el planteamiento. La primera que mi compañero natural de montaña, Lipe, y con el que he hecho más ascensiones, no podía venir, y pasar el Tiro Callejo sin su ayuda (sobre todo moral) me imponía bastante respeto. De todas formas encontré en este foro un paso para alcanzar Jermoso, creo que un collado entre las torres de la Palanca y la Celada. Pero al final, al apuntarse Arturo a la expedición, y dado que no tenía ninguna experiencia en alta montaña, me hicieron desistir de esta posibilidad, que no obstante queda en el tintero para el futuro.

VIERNES 25 DE JULIO: Tras madrugar y salir de Santurce, llegamos a Poncebos a eso de las 9 y media, y rápidamente comenzamos a andar. Aquí estamos el grupo al completo, yo soy el de la izquierda, en el centro Arturo, y Andrés a la derecha.



Comenzamos la ascensión por la canal del Teju, estrecha garganta que sube hacia el pueblo de Bulnes. El camino gana altura sobre el río con rapidez, dejando unos impresionantes cortados a nuestra derecha.



Al de un rato andando alcanzamos este precioso vallecito, ya de nuevo a la altura del río



Enseguida llegamos a otro puente, si lo cruzamos seguiríamos en dirección al barrio del castillo, y siguiendo esta ruta hasta Amuesa, y posteriormente al refugio del jou de cabrones. Nosotros seguimos en dirección a la villa de Bulnes, a la que llegamos inmediatamente después de pasar por delante de la estación del funicular. Cuesta creer que antes de la apertura de este en 2002, el camino entre Bulnes y el mundo era este que acabamos de recorrer. Sólo de pensar como estará en invierno, y pensando en los habitantes, me parece increíble que aun queden residentes permanentes aquí.



Cruzamos el pueblo entero. Antes de cruzar el puente que se ve en la foto, vemos un cartel hacia el collado Pandebano; este será el camino que cogeremos para volver. Ahora vamos a ir hacia el canal de Balcosín. Para ello como ya digo se cruza el pueblo, y justo por detras de la casa del chiflón sale otro camino que va ganando altura hasta alcanzar una cascada.



La misma se puede pasar haciendo una trepada bastante fácil por su izquierda, pero supongo que con suelo mojado la cosa cambiará. Leí en el foro que había una variante por su derecha, pero como lo vi fácil tiramos por ahí. Al darnos la vuelta, contemplamos Bulnes desde lo alto: una estampa de cuento de hadas.



Tras este paso, enseguida entramos en la garganta de Balcosín. El día poco a poco se ha ido cerrando más, y ahora está totalmente gris, y parece que con niebla tapando las altas cumbres. La garganta se pasa sin mayores complicaciones, aunque si el río viene con agua, no se yo como estará la cosa, ya que cruzamos el cauce (seco en esta ocasión) bastante veces. Llegamos por fin a otro paso delicado: una corta trepada, apenas cuatro metros, pero los agarres escaseaban. Creo que se puede salvar, pero una vez más no me quise complicar saliéndome del camino. En esta ocasión bajé sin mochila para esperar a Arturo, que empezaba ya a notar el esfuerzo. La verdad es que no necesitó mi ayuda para nada, ya que pasó sin ningún problema.
Tras este paso se llega a una especie de circo, con unos grandes paredones de piedra que nos cierran el paso. Aquí hay que girar a la derecha, dirección oeste (hasta ahora veníamos con tendencia sur), por una canal bastante evidente: es la canal de Camburero. En este tramo nos encontramos con las primeras personas desde que salimos de Bulnes.



Al final de la canal, la niebla se ha cerrado bastante más. Llegamos a un vallecito, donde aprovechamos para hacer una parada más larga, comer y reponer fuerzas.



Andrés y yo andamos bien de fuerzas, pero Arturo, menos acostumbrado a estas largas jornadas empieza a sufrir. De todas formas continúa con ánimos, y la experiencia le está gustando muchísimo; y eso que por desgracia la niebla parece que se ha decidido a cerrarse totalmente sobre nosotros.
Continuamos por el camino bien marcado, y enseguida llegamos a una tremenda cuesta formada por una gran canchal de rocas y el camino es de esos de piedrilla que te obliga a dar dos pasos adelante y uno atrás. Aquí Arturo sí que lo pasó mal; en su honor rebautizamos a esta zona como la Cuesta de Arturo (creo que se llama cuesta de las traviesas).

Por debajo nuestro hacia la izquierda se encuentra el jou lluengo, y al otro lado del mismo divisamos el camino que viene de Sotres por la Tenerosa y el collado Vallejo, camino al que parece que el nuestro se unirá en breve, aunque como pudimos ver más adelante, no se juntan hasta el mismo refugio. Según nos comentó a la vuelta un montañero, existe la posibilidad de acceder desde la salida de la Canal de Camburero a este camino, antes de meternos en la anterior cuesta. Comento esta posibilidad ya que puede ser mucho más cómodo que ascender la incomodísima pedrera, aunque nosotros no lo hicimos y por lo tanto no sé exacatamente donde se coge el enlace entre un camino y el otro.
Al cabo de un rato andando la niebla se abre puntualmente y nos deja ver la primera silueta del Picu, espectacular, sobre nosotros:



Esta primera aparición casi nos corta la respiración. Yo ya conocía el Picu desde Horcados Rojos, pero desde aquí no tiene nada que ver, tanto por distancia como por perspectiva
Una vez finalizada la pedrera entramos en una zona más caótica de roca, con algún fuerte repecho y trepadas y destrepes. Al finalizar la última trepada, nos retratamos con el Picu como fondo.



Desde aquí ya no queda nada, y por fin llegamos a la Vega de Urriello, tras algo más de 7 horas de esfuerzo (paradas incluidas).
Una vez en el refugio, nos quitamos las pesadas mochilas, nos aseamos un poco, y nos dedicamos a pasar la tarde.

A última hora de la tarde el día acaba de cerrarse y comienza a llover. Me pregunto si podremos salir el día siguiente hacia nuestro objetivo: la Torre de Cerredo.

SABADO, 26 DE JULIO: Pese a haber dormido un buen número de horas, me levanto con dolor de cabeza bastante fuerte, mezcla de la altura, el calor en el refugio y el dormir en una habitación cerrada con bastante gente (el refugio estaba completo). Es algo que me suele ocurrir, y me había llevado aspirinas para combatirlo. Me levanto a las 6, salgo a ver como está el día; en el refugio ha comenzado la actividad, las cordadas se preparan para atacar el Picu, los guías distribuyen arneses, cuerdas y material de escalada, casi me dan ganas de unirme a ellos, pero no, yo he venido a otra cosa. Lo que veo no me gusta nada: niebla cerrada. ¿cerrada digo? Cerradísima; no se ve más allá de 4 ó 5 metros. Meterme así en terreno desconocido de Picos no me gusta nada, aunque la ruta sea bastante concurrida y me la haya leido y estudiado un sin fin de veces. Me vuelvo a la cama para tratar de dormir algo más, preocupado por la situación.
A las 7 y media me llama Andrés: vamos que ya es hora. El dolor de cabeza ha empeorado. Desayunamos y a las 8 y media ya estamos en la puerta del refugio, con la niebla que no se ha disipado lo más mínimo, envolviéndonos. Discutimos sobre que hacer. En principio, yo, aquejado por el malestar, que parece que va a más, soy partidario de esperar a ver si aclara, pero Andrés dice que el comienzo del camino se ve, y que tiramos para adelante hasta donde podamos. Al final, se impone su opinión.
Salimos en dirección a la Corona del Rasu sin ver apenas nada. Eso sí, consigo sacar una foto a una ¿salamandra?



Al de una hora (mas-menos ???) llegamos a una canal, evidente, pero un tanto complicadilla, es el paso de la Corona del Rasu. En principio este paso es algo más difícil que la trepada a la Torre de Cerredo, pero no tiene patio. De todas formas, no creo que supere el grado II.



Al salir de este paso nos encontramos en una arista, que al aparecer entre la niebla, a mi personalmente me encantó. Me recordaba a la peresecución de la peli el último mohicano, cuando sonaba esa espectacular música, que me puse a tararear. Lamentablemente la niebla no nos dejó ver nada, pero como no sabíamos de las vistas, no nos importó. A la vuelta pudimos ver el espectáculo que se observa desde aquí. Aquí estoy yo sobre la arista.



Continuamos por camino evidente, y ya al fondo divisamos la horcada arenera, a la cual llegamos tras una breve travesía. Aquí la niebla comienza a deshacerse, y nos deja ver el Neverón del Albo, eso sí, aun difuminado.



Tras la horcada arenera, comenzamos una travesía, bien marcada por hitos, y con ligera tendencia descendente. En este tramo hay que tener cuidado con seguir los jitos, ya que la travesía es un tanto confusa, y no hay camino evidente. Durante la travesía un rebeco nos vigila con atención:



La travesía concluye en una especie de colladina, donde se inicia otra travesía que nos dejará en el jou de Cerredo. La torre por fin se ha dejado ver al fondo desde este punto, y al contemplar la verticalidad de su tramo final, los 3 nos preguntamos ¿por ahí hay que subir? pues me parece que va a ser que no.



Decir que en este punto leí que el camino normal remonta una loma de unos 100 mts, y que hay la opción de realizar una travesía sin necesidad de subir, eso sí, por una llambrias inclinadas con algo de patio. La verdad, yo la primera opción no la vi, y aunque el paso por las llambrias pueden impresionar (nada comparable a lo que nos esperará luego en la misma torre), tiramos por ahí, poniendo un poco de atención, pero sin ningún problema. El paso está jitado, y teóricamente, el más sencillo que asciende, también, pero ya digo que yo no lo vi, ni a la ida, ni a la vuelta.

Una vez concluida la travesía, estamos en el collado norte del jou de Cerredo, y a partir de aquí, la ascensión va a ser un poco, un sálvese quién pueda, y tira por donde lo veas mejor hasta la base de la trepada final.

Yo decidí dar un ligero rodeo, primero hacia la izquierda y luego hacia la derecha para alcanzar la citada base. Hay que hacer varias trepaditas fáciles. Vi a otros montañeros que tiraban por una pedrera muy inclinada; a mi esta opción me pareció bastante peor, pero ya digo que yo prefiero trepar por buena roca, antes que andar por una pedrera. Todo es cuestión de gustos. Además creo que di bastante rodeo. Por otro lado, mi dolor de cabeza iba y venía, pero el aire de la montaña y el ejercicio físico, parecía que me estaba viniendo bien (y las dos aspirinas que me tomé, je, je).

El caso es que al final nos encontramos en la inicio de la trepada final. El comienzo es una evidente chimenea que va hacia la derecha. Yo comencé a subir por aquí sólo. Mis compañeros, deciden atacar un poquito más hacia la derecha y abajo de la chimenea, por terreno que parece más difícil a priori, pero que luego pude comprobar que es más fácil. La salida de la chimenea es muy mala, y busco una opción, unos pocos metros antes del final de la misma hacia la derecha, que me coloca en el muro de piedra por el que suben mis compañeros.
Se alcanza una especie de repisa, justo encima de la chimenea, donde hay que girar claramente a la izquierda, y ya con tendencia izquierda, se ve claramente la trepada hasta la cima. La referencia que yo tomé fue un muro bastante vertical, que luego habrá que salvar por su izquierda. Yendo directo hacia este, la trepada no tiene pérdida.

En este punto, Andres se queda; ya lo lleva pasando mal un buen rato y decide que ya ha tenido bastante. Para mi opinión ha hecho lo mejor. Si lo pasas mal al subir, la bajada sí que impresiona. Y aquí se viene a disfrutar, en todo caso sufrir un poquito, a lo sumo, pero no a pasarlo realmente mal.
En cuanto a la trepada es bastante sencilla, no tan vertical como aparece desde abajo, y con multitud de buenos agarres. Eso sí, a medida que subes, el patio se incrementa considerablemente. Hasta que llegas al muro final, y cuando lo sorteas por su izquierda, y pese a que es quizás la parte más sencilla, aquí sí que hay patio de verdad. Yo me lo hice sin mirar, y a toda leche (ya digo que me pareció muy fácil), y no me di cuenta de lo que tenía a mi espalda hasta que inicié el descenso... y acojona lo suyo.
A todo esto, Arturo en ningún momento ha dudado, pese a su corta experiencia en trapada (le he llevado hace una semana a realizar trepadas en roca conmigo en uno de los montes costeros de Cantabria), pero avanza lento y seguro. En todo momento le he preguntado si va bien, y que si tiene dudas se quede con Andrés, pero es él quién decide que se ve seguro, así que me acompaña hasta arriba.
Al llegar a la cima, las vistas son impresionantes. Desde aquí, todos los picos de Europa, toda la Cantábrica, todo el noroeste de España, en fin, nos contempla. Estamos más altos que todos ellos. El Pico de los Cabrones entre el mar de nubes:



Peña Santa asoma entre el mar de nubes, como siempre que la he visto en la distancia desafiante, esta sí que me parece totalmente inaccesible (algo parecido me pasa con el MIdi d'Ossau, si no fueran montañas, y tuvieran vida y personalidad, diría que los dos siempre me han mirado desde sus alturas como gigantes desafiantes, sabiendo de su superioridad, y que será difícil que les pueda conquistar, aunque quién sabe...)



Y nosotros en la cima



Comenzamos el destrepe, y aquí veo el impresionante patio que comentaba antes. Lo paso seguro, pero al pasar Arturo sufro bastante más que cuando he estado yo; conozco mi seguridad, pero no la de mi compañero, ya que ha hecho muy poca montaña. De todas formas, lo baja sin ningún problema, lento, sí, pero con total seguridad y limpieza. Una vez pasado este tramo, la verdad que el resto del destrepe ya no impresiona tanto, hay patio, sí, pero nada comparable a lo anterior, así que a partir de este momento lo disfruto bastante más, sobre todo ya al final, bajando del murete (la parte seguramente más técnica).
Cuando llegamos donde está Andrés, aprovechamos para comer. El hombre está un poquillo aburrido y tiene ganas de seguir.
En principio mi idea era ir por hocada de D. Carlos hacia Horcados Rojos, y de allí volver por la garganta de los Boches. Dado que habíamos perdido bastante tiempo, y se nos había hecho tarde, y que además los otros valles estaban bastante cubiertos (el día fue espectacular en el jou de Cerredo, pero la niebla no se había levantado en los otros jous), me hacen desistir de esta opción, y decido volver por el mismo camino que ya conocíamos de la subida. Esta decisión resulto ser todo un acierto en cuanto a vistas paisajísticas, ya que la zona de Horcados rojos ya conocía, pero al volver por la Corona del Rasu, tuvimos la suerte de poder contemplar una de las imágenes de montaña más bellas que he visto nunca, cuando emergió el Picu entre un mar de algodón:



Al volver nos encontramos en la Vega de Urriello con el mismo panorama que cuando salimos (bueno desde Corona del Rasu, como se ha visto), es decir niebla cerrada. Preguntamos y nos dicen que no ha habido ningún momento de sol. Parece increíble que a poco más de dos horas de allí en el jou de Cerredo el sol nos ha caído a plomo durante gran parte del día.
El día acaba con una cena en el refugio que nos sabe a gloria.
Por la noche hablamos con unas parejas que venían en travesía desde Covadonga, un palizón por lo que nos contaron: las chicas protestaban algo por la dureza de la ruta, Andrés, Arturo y yo nos reímos, como para traer a cualquiera de nuestras mujeres, no hasta aquí, sino sencillamente hasta Bulnes (sin el funicular, claro).

DOMINGO 27: ¡Por fin amanece un día explendido! Salgo corriendo a sacarle una foto al amanecer:



La jornada de hoy, después de los dos días anteriores, va a ser un paseo. Bueno, no tanto, porque vamos a descender 1.700 mts., pero nada comparado con los dos días anteriores. Como ya he dicho el camino que cogimos en este caso fue el de Collado Vallejo-Collado Pandébano-Bulnes, y de allí por la Canal del Teju, coincidiendo ya con la ruta del primer día. Ni se nos pasó por la cabeza coger el funicular: Queríamos hacer el descenso completo.
Como se trata de una de las rutas más concurridas de Picos, no me voy a extender, tan sólo algunas fotos:
Yo con el Picu al fondo



Expedición al completo en Collado Pandebano



Esta imagen me encantó



Por fin me despido del coloso: ¡Hasta pronto!



En Bulnes paramos un ratito, y aprovecho para comprar miel en una casa particular (un regalo a la mujer, que la gusta la miel de calidad, para que me deje volver, je, je, je).
Casi al final de la Canal de Teju aprovechamos una pequeña pocita para lavarnos y refrescarnos un poco, algo que agradecimos pese a la temperatura del agua.
Una vez en Poncebos, la decisión más difícil de los 3 días: ¿donde y qué comer? Al final fuimos hasta Arenas, donde nos metimos un extraordinario solomillo al cabrales regado con buen rioja... ¿a alguien se le ocurre una mejor forma de acabar estos magníficos 3 diás en Picos de Europa?

Aquí os dejo un croquis con la ruta:

sábado, 21 de junio de 2008

ASCENSION A SAN LORENZO (2271 MTS)

Tras una primavera que viene siendo bastante mala, parecía que este sábado al fin iba a brillar el sol, así que decidí ponerme en marcha para realizar la primera ruta seria del año. San Lorenzo es la máxima altura de la sierra de la demanda, sierra que ocupa la parte más septentrional del sistema ibérico. Se reparte princiapalmente entre Burgos y la Rioja, siendo precisamente esta montaña su punto más elevado, así como también la montaña más alta de la Rioja. Curiosamente es un 2000 que hacía tiempo que tenía ganas de hacer, pero que hasta ahora por unas u otras razones, lo había pospusto, siendo además, como creo que es, el 2000 más cercano a Bilbao (esto es intuición, pero si no me equivoco el Orhi pilla un poco más lejos, y también los dosmiles del sector de Campoo en Cantabria, y el San Millán pilla un pelín más lejos).

La ruta que he decidido hacer la he sacado de internet, de forma que mucho de lo que voy a decir está sacado de esta página :
http://es.geocities.com/imcam2001/id67.htm (por si alguien la quiere consultar).
La ascensión desde la estación de Valdezcaray se convierte en un paseo relativamente corto, ya que nos dejará a unos 1.500 mts en el aparcamiento de la estación, y desde allí el San Lorenzo lo domina todo, teniendo tan solo que remontar las pistas de esquí. Yo me he decidido por la ruta más larga desde Ezkaray, salvando unos 1.400 mts. de desnivel por un terreno muy variado e interesante. Desde la estación, aunque no lo haya hecho, mi opinión es que pierde mucho de sus características de gran montaña, que sin duda es.

La ruta comienza en la antigua estación de Ezcaray, se sigue por la carretera y a unos 100 mts, a la izquierda hay una desviación, señalizada por las marcas rojas y blancas del GR-93, que seguiremos continuamente en la primera parte de la ascensión. Durante la primera hora nos metemos en un bosque que remontamos de forma constante por camino bastante bien señalizado con las marcas del GR.



Antes de una hora de camino salimos del bosque, y llegamos al collado Sagastia, aquí tenemos que coger un camino que sin remontar el cerro que queda a nuestra izquierda, nos lleva en dirección sur a media ladera.



Desde aquí tenemos ya las primeras vistas de S. Millán



y de San Lorenzo



Llegamos a un pequeño prado, con el cerro Marulla sobre nosotros, y volvemos a bordearlo por su derecha, dejando el cerro a nuestra izquierda.



Desde aquí el San Lorenzo nos ofrece otra bonita estamapa (uf, que lejos está todavía)



Al cabo de hora y media desde la salida, se llega al collado Marulla, con el Chillizarrias justro enfrente nuestro. Aprovecho para hacer el primer descanso de la jornada, beber y comer algo para reponer fuerzas. El Chillizarrias de nuevo hay que bordearlo por la derecha, bajando a un pequeño vallecillo, y cogiendo de las dos pistas la que sale a la derecha. Desde aquí se ve el siguiente collado, pero ojo porque el camino continúa sin alcanzarlo, y nosotros tendremos que subir un pequeño trecho por un sendero. De todas formas se ve muy claro sobre el terreno, salvo que haya niebla o visibilidad escasa.

Una vez en el collado (Beneguerra), tenemos que pasar una valla metálica, y dejar de hacer caso a las marcas del GR que descienden por la otra vertiente. Aquí hay dos opciones, si se tienen ganas subir por el camino que enfrente nuestro asciendo al Cuña, o si no se tienen ganas (o fuerzas), buscar el camino que a media ladera bordea este monte en dirección al collado de Ormazal. El camino es fácil de seguir, pero más nos vale no despistarnos, ya que toda la ladera está cubierta de ese molesto matorral que te deja las piernas cosidas si llevas pantalón corto. La forma de encontrarlo es buscar un montoncito de piedras, ligeramente hacia la izquierda de la valla que deberemos seguir, subiendo una veintena de metros aproximadamente. Luego sólo nos queda continuar el camino con cuidado de no perderlo. Esta es quizás la parte más pesada de la ascensión.

Aproximadamente tras dos horas y media desde la salida llegamos al collado de Ormazal, podemos ver el S. Lorenzo al fondo al que parece que podemos tocar ya con la mano; ojo, todavía queda lo más duro.



Desde aquí el camino ya no tiene pérdida, ya que hay que remontar una amplia pista (en realidad es una pista de esquí de la estación de Valdezkaray), buscando la estación de llegada del remonte. Este tramo se me hizo eterno, subiendo por la pedregosa pista parecía que no se acababa nunca. En la estación del remonte me vi obligado a parar, porque ya no podía más, a descansar brevemente, antes de la ascensión final, una cuesta sin más, pero tremendamente empinada y dura, que nos llevará a la cima del San Lorenzo (2.271 mts).



En la cima, magníficas vistas de toda la sierra de la demanda, con San Millán y los picos de Urbión en primeros términos. A nuestros piés la estación de esquí de Valdezcaray. Por cierto, que aun quedaban algunos neveros en la ladera norte.




Resulta que coincidí (sin saberlo) con una marcha montañera, cuyo recorrido era a la inversa del que yo estaba realizando (todo el mundo me preguntaba que si me había quedado con ganas de volver a subir, je, je), lo cual me animó a bajar por otra ruta, en concreto la de la aldea de Urdanta. En la cima pedí alguna referencia, y comencé a bajar hacia una pista que se veía más abajo . En la bajada me encontré a un buen número de marchistas que estaban sudando de lo lindo. La verdad que me pareció más dura esta bajada que por donde yo había subido. Tras la bajada, enlacé con la pista que me llevó hasta un cruce con otra pista que la cortaba. Aquí hay que seguir por una loma herbosa, desde cuya cima podemos ver ya el valle que baja hacia la aldea. Bajé por la ladera unos 300 mts, y enseguida dí con la senda, la cual tan sólo hay que seguir, durante aproximadamente una hora hasta la aldea. El desnivel es imporante, y la bajada se me hizo eterna con las piernas ya bastante doloridas.

Una vez en la aldea, se puede volver por carretera a Ezkaray (5 kms) o según me dijeron por otra pista alternativa, pero francamente yo ya no estaba para más aventuras así que cogía la carretera que era lo más seguro, y tampoco estaba para hacer alardes.

La ascensión me llevo 3 horas y media, y la bajada unas 3 horas con paradas incluidas, en total unas 6 horas y media. Ascensión larga y dura, aunque sin ninguna dificultad, al margen de la propia dureza de la misma.

viernes, 12 de octubre de 2007

CASCADA DE LAS PISAS

La cascada de las Pisas es un salto de agua que forma el río de la Gándara, rodeado de un mágico bosque, que se encuentra en el norte de la provincia de Burgos. Para inciar la ruta, hay que coger una carretera local que sale del pueblo de Soncillo hacia Villabascones. Para llegar a Soncillo la mejor opción desde Bilbao es coger la carretera que lleva primero a Villasana de Mena, luego a Espinosa, y por fin a Soncillo. La carretera a Villabascones no tiene pérdida, ya que muere en este pueblito.

Salgo muy temprano aprovechando la festividad y mi "mal dormir". Por el camino paro a contemplar el amanecer con niebla que se me ofrece en el pueblo de Lezana de Mena




Llego al inicio de la ruta, la misma está balizada, y aunque fácil, en algún momento te puedes despistar del camino. Al llegar a la cascada, esta no tenía agua (cosas de hacer la ruta en otoño). En cambio, el recorrido me ofrece preciosos rincones, y el hecho de no poder ver el salto, hace que me quede una excusa para volver.

A continuación pongo diversas fotos de la ruta










Ruta de unas dos horas a paso tranquilo y sin ninguna dificultad

miércoles, 19 de septiembre de 2007

UNA CITA A SOLAS CON LA MONTAÑA: ASPE 2645

Desde que empecé a hacer montaña, he hecho muchas ascensiones y jornadas en solitario. Al principio porque no encontraba a nadie con quién ir. Más adelante he ido haciendo un grupo de asiduos, pese a lo cual me ha seguido llamando esas jornadas en solitario, en las cuales te encuentras mejor contigo mismo, con tus posibilidades y limitaciones, a solas con el coloso. Entonces es cuando, al menos yo, saco lo mejor y lo peor de mi mismo, y realizo toda una introspección. Es al final de estas jornadas cuando saco todo fuera: el estress, las preocupaciones, la rutina... y valoro mucho mejor mi vida tal y como es.

Pese a ello, he recibido infinidad de críticas por el peligro inherente a realizar una actividad de riesgo en solitario. No acosejo ni desaconsejo a nadie ir a la montaña en solitario; cada cual debe evaluarse y conocerse y decidir en consecuencia.

No obstante, en ciertas ocasiones, la brutal presión de la soledad en la montaña ha acabado aplastándome. Una de esas ocasiones fue en mi primera incursión en Picos, cuando tras haber ascendido Horcados Rojos, me dirigí a Peña Vieja, montaña de fácil acceso, y sin embargo, entre el hielo que había por una nevada de unos días atras, y sobre todo la angustiosa sensación de estar absolutamente solo en aquel paraje grandioso, me hicieron darme la vuelta.

Algo parecido me sucedió en el Aspe, aunque en esta ocasión vencí mis miedos y conseguí culminarla, pero a lo largo de las 6 horas que estuve de ruta no me crucé ni vi a nadie; como lo digo, a nadie. Hubo momentos en el que esa sensación de soledad, de sentirte absolutamente insignificante ante la grandiosidad del entorno, me hicieron dudar y plantearme darme la vuelta. Pero la sensación de logro, de haber superado una barrera mucho más difícil y elevada que la propia montaña: la que se encuentra en el interior de cada uno, convirtieron la jornada en inolvidable.

El Aspe es una gran montaña. Domina claramente la sierra de Aisa, importante linea de cumbres que se eleva al oeste del valle de Canfranc, y que configuran la cabecera del valle de Aisa. Algo más baja que los gigantes que dominan el circo de Ip, y del colosal Midi, algo más al norte, no deja de ser un dosmil de gran carácter, que compone junto a sus vecinos de sierra la montaña mágica de Candanchú, famosa por ser la estación de esquí pionera en España, y de muy gratos recuerdos para mi, porque fue donde me inicié como esquiador.

Al Aspe se puede subir desde Aisa por la vertiente sur (desconozco totalmente este recorrido, que seguramente sea más interesante, por estar menos humanizado), o desde Candanchú por su vertiente norte, donde la sierra presenta un aspecto realmente infranqueable, como una inexpugnable muralla de roca. Yo me decidí por la ruta desde Candanchu, sobre todo por el hecho de conocer gran parte del recorrido de la misma, de mis viajes de esquí.

Croquis de la ascension:



Nuevo madrugón, y salida hacia Jaca (ya estoy muy acostumbrado a este viaje); llego a la estación de Candanchú a las 9 y media de la mañana. Nada que ver con la imagen invernal. No hay un alma, y casi todos los bares y tiendas cerrados. Desayuno en la única cafetería abierta, y me pongo en marcha. Atravieso el parking y llego a las pistas Principe de Asturias, por las que remonto. La niebla es espesa, y este es el panorama:



Alcanzo la parte alta de la loma y desciendo hacia la Rinconada, donde está la estación de salida del telesilla. A partir de aquí voy remontando, sin apenas ver nada por la conocida pista, hacia el puerto de Tortiellas. A media subida, los jirones de niebla se van deshaciendo y el sol impone su fuerza:



Cada vez con más fuerza



En el paso de Tortiellas el sol luce espléndido, y me muestre este espectacular panorama del valle de Candanchú a mis piés, con la imponente silueta del Midi al fondo



Una vez en el paso, debemos de ir en dirección oeste, tratando de perder la mínima altura posible, bordeando las puntas de Esper por su vertiente sur. Lo más cómodo es perder algo de altura al principio, de forma que nos dirigimos hacia la muralla que forman el contrafuerte entre Aspe y lomas de Esper, por la zona baja del barranco de Tortiellas. El Aspe se asoma desde el puerto:



Empeñado en no perder altura, voy remontando por terreno complicado hacia la arista occidental de la Tuca Blanca. Las diferentes chimeneas y trepadas son cada vez más complicadas. La dificultad y la soledad me empiezan a pasar factura y empiezo a dudar. De hecho me lanzo a por una última canal, y me digo que si a partir de aquí no veo clara la salida, vuelvo sobre mis pasos. La canal es más difícil de lo que parece y en los tramos finales las paso canutas, pero salgo a terreno más despejado, no en la arista propiamente, sino unos metros más abajo.

Continúo en dirección oeste, hasta que llego a un collado. Me quedo sin aliento. El impresionante circo de Aspe se abre sobre mi, con el Aspe observando atentamente mis evoluciones:



Y llena de la Garganta



El barranco de Tortiellas visto desde su cabecera, con la Collarada y los gigantes de Ip como telón de fondo



Desde el collado se ve claramente una canal de bajada, y luego la evidente ruta de subida a un nuevo y pequeño collado entre Aspe y una cima secundaria. La bajada de la canal no es nada difícil, y una vez superada la tensión de haber estado avanzando fuera de la ruta, y con la tranquilidad de volver a la misma, hago una primera parada para descansar y reponer fuerzas y prepararme para el asalto final.

La subida es fácil pero muy dura, hasta un punto en el que se ve el desvío que hacia la derecha nos llevaría al paso de la garganta de Aspe y al valle de Aisa (ruta del sur), y hacia la izquierda, en una rápida ascensión nos deja en la cima. La ascensión me llevó aproximadamente 3 horas. Collarada y circo de Ip



Midi d'Ossau, espectacular, como siempre



Y los dos Anayet, con el pico con su esbelta figura



Y una foto mía en la cima, donde hay un curioso buzón con forma de cabaña



Ya solo queda el descenso, que ahora sí realizo por el fondo del barranco, por donde es más sencillo, deshaciendo el camino de la subida. Llegué a Candanchú tras 5 horas y cuarto de excursion, no muy larga pero dura. Como siempre que afronto una jornada así, las sensaciones a la vuelta, con el cansancio y la relativa seguridad de haber pasado lo más difícil, me hacen sentirme en un estado de relajación total y absoluta. Quizás sean estas sensaciones tan difíciles de describir, lo que me hacen volver una y otra vez a desafiar estas montañas.

Para acabar unas estampas de la Zapatilla



y de Pista Grande ya en Candanchú



Aunque no tenga nada que ver con la montaña en general ni con Aspe en particular, y dado que son fotos de ese mismo día, las pongo aquí. Como ya he dicho he ido muchísimas veces a Jaca desde Bilbao para esquiar, para hacer monte, y siempre paso por el pantano de Yesa, un paraje que a mi me encanta. En esta ocasión le saqué una foto a la mañana, cuando iba a Jaca, y otra a la tarde, según volvía. La verdad que los efectos de la luz sobre una mismo paisaje son extraordinarios. Bueno, pongo las dos fotos para que compareis